Juan Cortés, Director gerente de Prosal

Juan Cortes, Prosal

El almeriense Juan Cortés es un hombre hecho a sí mismo, en el más puro sentido del término. Siempre quiso convertirse en empresario –su padre lo era–, pero, también, quiso poner en pie un proyecto propio. Un hecho aparentemente trivial, una visita a un amigo al hospital, le abrió los ojos a propósito del negocio que pondría en pie, y que iba a estar relacionado con el sector del mantenimiento y la limpieza. De aquella visita nació Prosal, uno de los líderes del sector, presente en un buen número de provincias y con una plantilla de 500 trabajadores.

¿Cuándo comprendió usted que era imprescindible formarse para llevar adelante un negocio del volumen  del  que usted dirige?

Fue algo que llegó de forma natural. Yo había trabajado ya con mi padre en su empresa, vinculada al sector de la construcción, ocupándome de diversos temas relacionados con la gestión diaria. Y al mismo tiempo, empecé con la actividad de Prosal. Eran unos años, como los de ahora, de profunda crisis económica, los primeros 90 del pasado siglo. Sin embargo, nosotros crecíamos a un nivel del 20 por ciento anual en facturación porque cada vez teníamos más clientes. Y llegó un momento en que vi que esos conocimientos que me había dado la práctica empresarial debían contar con una base científica. Por eso llegué a Escuela Internacional de Gerencia.

¿Cómo entró usted en contacto con Escuela de Gerencia?

Pues mi cuñado había hecho un Master aquí y me habló de la existencia del EMBA, Master Executive en Dirección de Empresas. En aquel momento, y siempre, he tenido la inquietud por formarme, porque pienso que sin formación se puede llegar lejos, pero con formación siempre se puede ir más allá. Por eso, di el paso hacia adelante, y la verdad es que estoy muy contento.

¿En qué aspectos de la gestión empresarial diaria le ayudó más la realización del MBA?

En todos. A pesar de los años que llevaba al frente de la empresa y de la experiencia acumulada, recuerdo que realizar el Master me aportó una visión de la empresa que yo nunca había tenido. Aprendí a segmentar las distintas funciones dentro de los departamentos de negocio, a organizar mejor la estructura productiva, haciendo que el trabajo de todo mi equipo fuera más eficaz. Cuando estás en el mundo de la empresa, vas encima de la ola, motorizado, y no tienes mucho tiempo para pensar. Vas apagando fuegos. Así que, para mí, venir a la Escuela todas las semanas suponía romper con mi rutina de trabajo, y al mismo tiempo, una gran oportunidad para aplicar, casi instantáneamente, todo lo que aprendía aquí al día a día de mi empresa. Y luego, reforcé mucho aspectos de la gestión tales como el financiero.

Desde el punto de vista humano, ¿qué halló entre sus compañeros de la Escuela?

Había inquietudes muy diversas, tanto personas que formaban parte de una empresa familiar como personas que buscaban mejorar profesionalmente. Y gente fantástica. Con muchos de ellos sigo manteniendo contacto, y es esa visión común lo que nos hace mantener la amistad y que podamos vernos de vez en cuando.

Y el profesorado, ¿respondió a esa inquietud del alumnado?

Sí, sí, mi recuerdo a propósito de ellos es que era gente muy buena, que sabía mucho, y lo que es más importante, sabía transmitirlo. Algunos eran fuera de serie, de hecho. Hay que tener en cuenta que un Master que realiza gente que está trabajando diez o doce horas diarias, con familia, que tiene que venir de lejos, como era mi caso, tiene que ser muy atractivo para captar y mantener el interés del alumno. Y en mi caso, lo mantuvo de principio a fin.

¿Qué se llevó usted en la carpeta cuando terminó de realizar el Master?

Siempre inculqué a mi equipo la importancia de la mejora continua, del interés por hacer las cosas bien, la responsabilidad. Son valores que aquí afiancé, y he tenido la gran suerte de que en circunstancias difíciles –recuerdo una inauguración en concreto– en que hemos estado justos de personal, me emocioné con la respuesta de mi equipo, que se desplazó desde donde hizo falta en sus propios vehículos para completar el trabajo. Eso, para mí, es dedicación, y eso lo he visto aquí en la Escuela también.

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