El viaje interior

Viaje hacia el interiorHemos convertido el mundo en un aeropuerto. Un enorme aeropuerto en el que cada individuo vaga de un lado para otro maleta en mano, a la espera de que un avión le lleve a un destino que  ha elegido con más o menos motivación (véase la cara de los que van en viaje de placer a diferencia del semblante de los businessman).

Los valores, esos principios que guían nuestra vida, son ese equipaje personal que  al igual que en un aeropuerto, nos  retrata de mil maneras diferentes. Ya sea como una enorme maleta que nos cuesta Dios y ayuda transportar o  como un ligero trolley que llevamos de la mano, lo cierto es que este equipaje  lo “cargaremos” siempre y a todos  sitios.

Una maleta, la de nuestros valores, que  además, se sitúa en nuestro subconsciente. Un equipaje que se gesta principalmente durante nuestros cinco primeros años y que se cierra para servirnos en un largo viaje, el de nuestra vida, sin que nos hayamos percatado que  de vez en cuando hay que abrirlo y  revisarlo.

Revisar los valores porque principalmente y por suerte, los seres humanos somos capaces de ir cambiando nuestro destino y nuestras prioridades en la vida. Aquello que  pusimos (o mejor dicho nos metieron) en la maleta, puede ser que  ya no nos sirva.  Tal vez  ahora nos apetezca otro tipo de viaje, más ligero, sin  tanta carga. Principalmente, si nuestros valores son el motor de nuestras conductas, es muy importante que estemos conformes tanto con los unos, como con las otras.

Y al igual que las personas, las organizaciones también poseen unos  valores sobre los que tratan de hacer partícipes a los miembros que las forman. A largo plazo, de una gestión  adecuada de esos valores radica en gran parte el éxito o el fracaso de un proyecto empresarial. Como bien dicen Nuria Sáez y Julian Trullén  en su excelente libro “Ya eres Líder”, a las personas se las contrata por sus competencias y se las despide (o se van) por sus valores. Organizaciones disconformes con el equipaje de sus colaboradores y viceversa, son situaciones  para nada ajenas a nuestra realidad.

Hay a mi modo de ver, dos  grandes retos que tarde o temprano las empresas tendrán que asumir. El primero es el de los valores compartidos. Para ello, se hace necesaria una especial sintonía emocional entre los miembros del equipo. Si ya no es fácil conocernos a nosotros mismos y convivir correctamente con nuestros principios, mucho más difícil pero no menos relevante resultaría la creación de un sistema de valores compartido. El Consejo de Dirección puede establecer que el compromiso es un valor importante para la empresa, pero; ¿qué significa para ellos el compromiso: ¿significa lo mismo que para el resto de colaboradores?; y si los demás no ponen en práctica el compromiso tal y como yo lo veo; ¿ya no se estaría en sintonía con los valores de la empresa?

El segundo gran  reto es el de la coherencia. Con frecuencia  leemos en las webs, y en los soportes de comunicación de las organizaciones algunas declaraciones de valores que para nada se corresponden con las conductas ni con las prácticas que se observan en el día a día. No podemos estar más tiempo sin mirarnos a nosotros mismos, y sin plantearnos si realmente los valores que nos gustaría tener son aquellos que ponemos en práctica.

Toca ya hacer un esfuerzo que sin duda  merece la pena. Un viaje interior que convierta para la empresa a los valores en algo más que en una declaración de intenciones. Todo el mundo habla de la importancia de los valores, pero parece que nadie se pone a gestionarlos.

Porteadores

El apasionante viaje  y el reto que significa hoy día un proyecto empresarial y personal no funcionarán si no es con el mejor de los equipajes. Convivir con simples porteadores de valores no es la solución. Buscar compañeros de viaje con los que crear un equipaje compartido. Necesitamos una expedición  motivada  a partir de un equipaje interior que represente ese trocito de equipaje compartido por todos, y en la consecuencia natural de que  todos hayamos participado en su elaboración.

Dado que nuestros valores provienen de lo más profundo de nuestra neurología, personas y organizaciones tenemos pendiente ese viaje al fondo de nuestro subconsciente, que nos permita descubrir si esos principios nos están conduciendo o no  por el camino que verdaderamente queremos seguir.

Si usted se encuentra plenamente satisfecho con su vida, ya habrá hecho este viaje. De lo contrario, le invito a que lo haga. Y mientas tanto…  ya me llaman para embarcar.

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