David Arroyo de Mensajería Low Cost

David Arroyo nació en Barcelona, y llegó a Granada con apenas 20 años. Nada más llegar, trabó contacto con Escuela Internacional de Gerencia y cursó allí sus estudios superiores, tras un paréntesis en su formación marcado por la otrora insoslayable necesidad de servir al país en el Ejército.

David Arroyo, Mensajería Low Cost

¿Qué ocurrió, entonces, cuando usted recibió ‘la blanca’ –documento que certificaba el final de la mili–?

Pues que me puse a pensar qué quería hacer con mi vida, y la verdad es que siempre tuve el deseo de ser empresario. Tenía los genes en la familia, ya que mi padre y mis hermanos se han decantado hacia el emprendimiento, y yo mismo tenía muchas ganas de tener un negocio propio.

¿Fue ese deseo de emprender el que le llevó a tomar contacto con la Escuela?

Sí, es evidente que para llevar adelante una empresa es muy importante contar una formación completa, rigurosa y que permita hacer frente a las numerosas complicaciones que quien quiere ser emprendedor encuentra.

¿Hacia qué sectores orientó su actividad?

Primero estuve en el inmobiliario, junto con mis hermanos. Al mismo tiempo, abrí varias franquicias del sector textil, y luego una consultoría de franquicias. Con el desmoronamiento del sector del ladrillo, reinventarse fue una necesidad, y de este modo, reorienté mi actividad hacia el sector tecnológico. De este modo, puse en marcha Mensajería Low Cost, el comparador de mensajerías en Internet, y hecho el hueco en este complicado sector, he sido uno de los socios fundadores de Spiral Startups, un acelerador de empresas tecnológicas. Nos dedicamos a acelerar los trámites de puesta en marcha de las empresas, ahorrando trámites de carácter administrativo y de otros órdenes.

¿Cómo fue su aterrizaje en Escuela de Gerencia?

Muy suave. Me había recomendado estudiar aquí una amiga que paradójicamente estudiaba en la universidad pública. Fui a las anteriores instalaciones, en la calle Estepona, y me gustó mucho tanto el proyecto educativo como el ambiente de trabajo que se respiraba, así que no lo pensé dos veces.

¿Fue difícil compatibilizar estudios y actividad empresarial?

Para mí, Escuela de Gerencia es mucho más que un centro académico. Tenga en cuenta que llegué a Granada sin apenas conocer a nadie, y por eso, entre otras razones, en la Escuela hice grandes amistades que hoy perduran. Yo lo tenía quizá un poco más difícil que los compañeros que solo tenían una ocupación académica, pero todo esto me gustaba y me gusta. Para mí fueron sin duda los mejores años de mi vida.

¿Cómo eran aquellos primeros años en la Escuela?

Pues fueron años llenos de ilusión. Era un proyecto naciente, pero desde el primer momento pienso que se sentaron las bases de lo que la Escuela es hoy:_seriedad, cuidado en los pequeños detalles que hacen grande un centro como éste.

¿Se ha sentido acogido y querido en Granada en general y en la Escuela en particular?

Siempre. Granada es una ciudad muy abierta, donde es fácil relacionarse. A los pocos años de estar aquí ya me había involucrado en la Confederación Granadina de Empresarios y era vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios. Y en la Escuela, por supuesto. He vuelto aquí en muchísimas ocasiones, y me encanta volver.

Hoy se habla mucho de la educación en valores. ¿Cuáles son los que encontró aquí, y que hacen que le apetezca volver?

El valor de emprender. Y lo digo en un momento en que ha entrado una fiebre por emprender que amenaza con crear una sobreabundancia de empresarios que pueda explotar en una burbuja como la inmobiliaria y que cree miles de personas frustradas o insatisfechas.

Emprender es una tarea muy difícil, requiere mucho tiempo, muchos desvelos, meses en que no sabes cómo vas a pagar las nóminas, noches sin dormir… Aquí encontré las herramientas que necesitaba para ser empresario. Si alguien se quiere dedicar a crear riqueza, éste es su sitio, que no le quepa duda. Eso sí, es preciso tener constancia y un esfuerzo duro y continuado.

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